RESEÑA

LAS PREOCUPACIONES HISTORIOGRÁFICAS DE DOMINGO VALENTÍN*

   El 1 de diciembre de 1970, el presidente Luis Echeverría Álvarez designó, en uso de sus atribuciones constitucionales y el mismo día de su asunción a la primera magistratura del país, al ingeniero sudcaliforniano Félix Agramont Cota como gobernante del territorio de Baja California Sur.

   Ello ocurrió primordialmente en atención a las exigencias del movimiento “Loreto 70” que planteó al ejecutivo federal, entre otras varias, la de que se nombrase en la jefatura política a un ciudadano nativo de la entidad o con arraigo en ella.

   El profesor egresado de la Escuela Normal Rural de San Ignacio, Baja California Sur, y quien por su competencia profesional como agrónomo dirigía por entonces la Productora Nacional de Semillas (PRONASE), tomó posesión de la gubernatura en los primeros días del propio mes de diciembre de 1970, en reemplazo del abogado Hugo Cervantes del Río, quien acababa de asumir la secretaría de la Presidencia.

   Transcurridos apenas dos meses, el 20 de febrero de 1971, el Diario Oficial de la Federación publicó la ley orgánica del territorio por la cual se reinstauró en éste el régimen municipal, que se hallaba suspendido desde 1929; el gobierno de la nación preparaba así la inminente transformación que adquirió realidad un poco más de tres años y medio después.


  En esta ley se argumentaba la pertinencia de restablecer el régimen de municipio libre en la entidad, ya que es “sin disputa una de las grandes conquistas de la Revolución, como que es la base del gobierno libre, conquista que no sólo dará libertad política a la vida municipal, sino que también le dará independencia económica, supuesto que tendrá fondos y recursos propios para la atención de todas sus necesidades.”

   El documento exponía que “la municipalidad es una congregación humana, natural y espontánea dentro de una determinada región, que procura metas claramente definidas, tales como la satisfacción de sus necesidades materiales y culturales tanto individuales como colectivas; es decir –añadía-  la consecución de un bien común específico que reclama el esfuerzo total de un núcleo de personas que va más allá del familiar...”

    Y agregó que, al ser el municipio “base de la organización política y administrativa del país, su restablecimiento en el Territorio de la Baja California Sur... da el fundamento necesario para que sus habitantes participen más activamente en su vida política, cuando la entidad acelera el ritmo de su desarrollo económico.”
   Y así quedó dispuesta la transformación de las siete delegaciones de gobierno en tres municipios, “tomando en consideración razones de orden económico y demográfico...”

   El 10 de mayo de 1974, en una reunión de prensa convocada a su regreso de un viaje oficial a la ciudad de México, el gobernante informó que el presidente proponía a la ciudadanía de Sudcalifornia la conversión de su entidad en estado de la federación mexicana.

   El primer día de junio de ese mismo 1974 estuvo el presidente en Baja California Sur, por primera vez para encabezar los festejos del día de la Marina. El acto principal tuvo lugar en Cabo San Lucas, donde representantes de los diversos sectores de la entidad le entregaron un documento en que solicitaban su gestión para que Sudcalifornia adquiriese el rango político de estado de la federación, mediante las reformas respectivas a la Constitución del país.

   Ahí tomaron la palabra el gobernador con el discurso de bienvenida y la proposición relativa al ejecutivo federal; el secretario de Marina en referencia al inicio de las obras de construcción del puerto turístico en este sitio, y finalmente el secretario de la Presidencia, Hugo Cervantes del Río: “El señor presidente me pidió decirles –expresó- que va a analizar con la mayor simpatía esta justa y emocionada petición de ustedes...” Evocó enseguida la serie de acontecimientos que vinculaban al jefe del gobierno nacional con el pueblo calisureño desde hacía varios años.

   “Con el afecto fortalecido desde entonces –prosiguió, ya para terminar-, les deja un saludo y una exhortación: sigan trabajando intensamente; el destino de esta península, ambicionada por intereses extranjeros, está salvaguardada por las manos de ustedes, sobre todo por las manos limpias y generosas de los jóvenes sudcalifornianos...”

   El 1 de septiembre siguiente, de ese mismo 1974, en su cuarto informe de gobierno, Echeverría anunció que próximamente enviaría al Congreso de la Unión la iniciativa de decreto para reformar la Constitución General de la República a efecto de transformar a los territorios de Baja California Sur y Quintana Roo en estados.

   En la argumentación del documento se expresaba, entre otros varios considerandos, que “el territorio de la Baja California posee una rica tradición, más de cuatro veces centenaria […]”; en el aspecto político, fueron reinstalados los municipios libres; en el plano social, la población se había triplicado desde 1940, y disfrutaba de amplios servicios básicos entre los que figuraba notablemente el avance educativo.

   Su desenvolvimiento –decía- “se ha registrado particularmente en los renglones turístico, pesquero, agropecuario [y] en el creciente aprovechamiento de recursos renovables y no renovables.” La inversión federal había superado a la del sexenio anterior; y de ésta, “parte importante se ha destinado a la integración del territorio por medio de eficientes y modernas comunicaciones, entre las que descuella la carretera transpeninsular, columna vertebral de la península.

   Su conclusión ha venido a satisfacer una necesidad sustancial. Al lado de la inversión federal –señalaba-, es preciso apuntar el incremento sostenido de los ingresos propios […] Y “ha crecido también, de manera notable, el producto interno bruto” […]

   Así vivimos el ingreso a otra etapa que nos convirtió en ciudadanos de primera, como consecuencia de una larga cadena de empeños y dilaciones, realizaciones y esperas, en que este pueblo afanoso alcanzó otra de sus metas diferidas por la distancia y el olvido, pero superados por el denuedo y la persistencia.

   Al gobernador Agramont correspondió la tarea de coordinar ambos procesos de la evolución histórica de su tierra, lo cual efectuó con intensidad e impecable responsabilidad.

   De todo ello, pero con amenidad y detalle, se ocupa Domingo Valentín Castro en dos de sus libros donde vierte el interés de escudriñar en los hechos significativos de nuestro pasado, retrotrayendo acontecimientos de nuestra historia que culminaron en la conversión de esta parte sur de la Antigua California, luego territorio, enseguida departamento, más tarde partido, distrito a continuación y finalmente territorio de nuevo, en estado de la federación mexicana.

   Es tiempo ahora de adquirirlos, disfrutarlos y aprender con ellos a querer, respetar y defender más a BCS. Enhorabuena.


* En la presentación de los libros El FUS y Loreto 70, y El proceso histórico de la conversión de BCS en estado libre y soberano. San José del Cabo, 27 de noviembre de 2015. 

LAS RECORDACIONES DEL CRONISTA



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ACTUALIDAD

DE REFORMAS Y LICITACIONES

El ayuntamiento de La Paz ha publicado convocatoria en el ámbito nacional para seleccionar a quien será nuevo director del instituto de Planeación Municipal.

Ya vimos que la Constitución Política del Estado acaba de sufrir nueva reforma para hacer posible la concesión del cargo de procurador estatal de Justicia a un personaje de procedencia extra estatal, carente de oriundez y residencia mínima en esta entidad federativa.

Ahora se trata de licitar (hacer lícita, legalizar) la posibilidad de que llegue otro individuo foráneo a ocupar un cargo público local, pues en el documento resplandece por su ausencia el requisito de ser ciudadano sudcaliforniano. Si bien una de las bases especifica que los aspirantes deben “preferentemente” conocer la problemática del desarrollo social, urbano, económico y medioambiental del municipio paceño, el documento deja claro que, para los efectos previstos, se puede franquear tranquilamente esa condición.

Sin embargo, conviene recordar el texto del artículo 30 de la Constitución estatal, el cual dispone que “Los sudcalifornianos serán preferidos para toda clase de concesiones y para todos los empleos, cargos o comisiones del gobierno en que sea indispensable la calidad de ciudadano.”

En ambos casos ha quedado evidente la convicción que poseen los convocantes, de que Baja California Sur se halla desprovista de profesionales aptos para encargarse de tales áreas de la administración pública. Quedan descalificadas, “ipso facto” (por ese mismo hecho), las instituciones regionales de educación superior en la formación de gente capaz de cubrir las referidas vacantes, o quienes, siendo sudcalifornianos, se tomaron la molestia de realizar estudios fuera de la entidad.

En las dos circunstancias, también, hay un trasfondo de subestimación a valores, derechos y natural prioridad de los ciudadanos que han nacido, permanecido y sobrevivido en esta tierra.

De ninguna manera sugiere la presente nota el regreso a las antiguas luchas de este pueblo (aunque sería oportuno repensarlas), integradas ya a su historia, sino sólo de llamar la atención acerca del respeto que se debe (o se debiera) tener y ejercer, principalmente por sus autoridades, hacia una sociedad que se pudiere sentir lastimada con las medidas de referencia.


Nos queda de tarea.     

CRÓNICA HUÉSPED

ANIVERSARIO DE UN INICIO FRUCTUOSO

Por Juan Cuauhtémoc Murillo Hernández*

“El 4 de enero de 1941, el general de división Francisco J. Múgica Velázquez fue designado gobernador del Territorio Sur de Baja California y comandante de la Tercera Zona militar, destacada en el mismo; cargos en los que estuvo al frente durante los siguientes cinco años ya que, al iniciar enero de 1946, los entregó formalmente a otro militar de igual rango, el sudcaliforniano Agustín Olachea Avilés.

   En el tiempo que llegó al territorio, Múgica formaba parte de la familia revolucionaria, amplio y heterogéneo grupo político que dirigió la nación al término de la Revolución Mexicana, a la que se había incorporado desde muy joven en las filas carrancistas, en 1912.

   Al iniciar la década de los cuarenta, el michoacano contaba con una de las más sólidas y extensas carreras político-administrativas y militar del país, al desempeñarse, entre otros puestos, como diputado constituyente de 1917, gobernador en dos ocasiones de su estado natal, comandante militar en diversas entidades y, durante el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, titular de las secretarías de Economía y Obras Públicas.

   Con dicha experiencia, Múgica era uno de los más importantes aspirantes a la sucesión presidencial de º940, en parte por su cercanía personal e ideológica con el presidente. Su más fuerte contrincante en las filas del Partido de la Revolución Mexicana fue el general Manuel Ávila Camacho, entonces secretario de Guerra.

   Aun cuando existían otros aspirantes, Múgica y Ávila Camacho reunían el mayor número de simpatizantes, de tal forma que en enero de 1939 ambos dejaron sus posiciones en el gobierno federal para buscar la nominación oficial. Tan sólo transcurrieron pocos meses para que Múgica reconociera que las tendencias en el interior del país no le favorecían, pues las más importantes organizaciones partidistas expresaron pronto su simpatía por Ávila Camacho […]”

* Juan Cuauhtémoc Murillo Hernández, El general Francisco J. Múgica en Baja California Sur (1941-1946), Conaculta-Gobierno de BCS, 2011, 419 págs.,

(Como lo detalla el libro de Murillo Hernández, la de Múgica en BCS fue una administración excepcional, por lo cual resulta de justicia para el personaje y de utilidad para la memoria de esta entidad, que sea resaltada su obra tomando como referencia, por ejemplo, la fecha en que el ilustre constituyente tomó posesión del gobierno sudcaliforniano, el 4 de enero de 1941: Emc.)