(Tercera de cuatro partes)
En virtud de los funestos resultados que derivaron de las expediciones anteriores enviadas por Cortés a la mar del Sur u oceano Pacífico, decidió ir personalmente toda vez que las noticias de las riquezas de aquellas remotas latitudes le habían despertado mayor interés aún:
“Y como en la Nueva España se supo que el marqués iba en persona, creyeron que era cosa cierta y rica, y viniéronle a servir tantos soldados, así de a caballo y otros arcabuceros y ballesteros, y entre ellos treinta y cuatro casados que se le juntaron, por todos dieron sobre trescientas veinte personas, con las mujeres casadas.
“Y después de bien abastecidos los tres navíos de mucho bizcocho y carne y aceite y aun vino y vinagre y otras cosas pertenecientes para bastimentos, llevó mucho rescate y tres herreros con sus fraguas, y dos carpinteros de ribera con sus herramientas y otras muchas cosas que aquí no relato por no detenerme, y con buenos y expertos pilotos y marineros, mandó que los que se quisiesen ir a embarcar al puerto de Teguantepeque, donde estaban los tres navíos, que se fuesen, y esto por no llevar tanto embarazo por tierra, y él se fue desde México con el capitán Andrés de Tapia y otros capitanes y soldados, y llevó clérigos y religiosos que le decían misa, y llevó médicos y cirujanos y botica.
“Y llegados al puerto donde se habían de hacer a la vela ya estaban ahí los tres navíos que vinieron de Teguantepeque.
“Y después que todos los soldados se vieron juntos con sus caballeros y a pique, Cortés se embarcó con los que le pareció que podrían ir de la primera barcada hasta la isla o bahía... a donde decían que había las perlas.
“Y como Cortés llegó con buen viaje a la isla, y fue en el mes de mayo de mil quinientos treinta y seis o treinta y siete años,,,