EL
ÁGORA DE LA PAZ
La
palabra ágora es de origen griego y da
la idea de lugar de reunión de personas o asamblea, y fue establecido como
plaza al aire libre (de ahí, por ejemplo, el término “agorafobia” que es el
horror que algunos sufren a los espacios abiertos).
El
ágora de Atenas constituyó una contribución urbanística de la centuria de
Pericles (siglo V a. e.) que vino a ser propiamente la cuna de la democracia,
porque en ella se juntaba la gente a discutir y tomar decisiones sobre los
asuntos públicos. En otras ciudades tenía también función religiosa o
mercantil.
En
México, las ágoras proliferaron durante la administración de López Portillo,
cuya esposa, doña Carmen Romano, presidió el Fondo Nacional para Actividades
Sociales (FONAPAS), aparte de dos instituciones más que eran el Sistema para el
Desarrollo Integral de la Familia (DIF) y el patronato de Promotores
Voluntarios. El Fondo Nacional, que las creó, estuvo bajo la responsabilidad de
Alfredo Elías Ayub.
En
BCS, FONAPAS fue dirigido primeramente por Jorge Susarrey Cabrera y enseguida
por Juan Ramos Cepeda, quienes despacharon en el edificio del DIF (Aquiles
Serdán y Antonio Rosales) y les correspondió, entre otras varias e importantes
acciones, dotar de instrumentos al nuevo edificio de la Escuela de Música,
construido entre las calles José María Morelos y Marcelo Rubio, en 1979.
Luego
de su triunfo electoral, el gobernador Alvarado Arámburo puso la presidencia
del Fondo Estatal en manos de su esposa la señora María Teresa Soto, y confió a
este cronista la dirección respectiva. En esa amable responsabilidad estuvieron
asimismo Ireneo Collins Castro, Sixto Rodarte Martínez, Luis Peláez García y
varios más. La institución quedó instalada contigua al Ágora, que estaba en su
jurisdicción, y sus vecinos el Museo de Antropología e Historia y la biblioteca
Justo Sierra, el primero con Fanny Campillo al frente, dependiente del INAH, y
la segunda, a cargo de Mary Nogales, de la dirección estatal de Acción Social y
Cultural.
En
el Ágora fue puesta en operación una librería con sala de exposiciones, administrada por Francisco Arámburo Salas, y en su
escenario a la intemperie comenzaron a ofrecerse actividades culturales de todo
tipo, particularmente en los “Miércoles del Ágora” en que actuaron artistas y
grupos locales, así como los que enviaba el organismo central cada mes para
disfrute gratuito de un público al principio bastante reacio a estar en un
lugar donde habían funcionado poco antes la cárcel y las oficinas de la
dirección de Policía y Tránsito, en que se iba a visitar a un amigo o pariente
o a pagar una infracción. Pero al final triunfó la persistencia y se pudo
“calentar” el área, con asistencia creciente.
El
sexenio presidencial de Miguel de la Madrid (1982-1988) determinó la
cancelación de FONAPAS, que Alberto Alvarado reemplazó en el ámbito local con
la dirección de Cultura, en el mismo lugar que el pasado 1 de abril cumplió 35
años de existencia con claros signos de renovación de los antiguos lauros con
un ambicioso catálogo de tareas.