MANIFIESTO A LOS HABITANTES DEL DISTRITO
SUR DE LA BAJA CALIFORNIA
o
PLAN DE LAS PLAYITAS

Ésta, hija de la
deshonra engendrada por el militarismo, ha venido a colocar a nuestra patria en
el punto más vergonzoso que pudiera atribuirse a una república ante las demás
naciones civilizadas, sacrificando infamemente, después del buen nombre de
aquélla, millares de víctimas hermanas.
Tal es nuestra
situación, por manera que de esa traición incalificable han surgido los
pretendidos gobernantes que actualmente imponen a su arbitrio sus despóticos
mandatos, usurpando las instituciones y derechos de toda una nación. Así es que
los buenos mexicanos, en quienes radique incólume el amor a la patria y el
respeto a las leyes que nos legaron los Constituyentes, no debemos permanecer
como simples espectadores de aquella acción atentatoria.
La Baja
California, y especialmente el distrito Sur en que habitamos, jamás ha sido
indiferente a la por mil títulos censurable conducta del ejército, corrompido
traidoramente por el sobrino del dictador, por Félix Díaz; pero las
circunstancias especiales a que ha estado sujeta por la carencia casi absoluta
de elementos para aprestarse a rechazar la imposición del mal gobierno y
hacerse escuchar de los jefes del ejército, no permitía organizar medianamente
siquiera, el movimiento a que hoy nos lanzamos con fe inquebrantable en Dios y
en la justicia de nuestra causa, esperando su triunfo.
Así pues,
llevando por norma el cumplimiento del deber bajo todos conceptos y propuestos
a cooperar a la restauración de nuestros principios democráticos, hoy
atentatoriamente mancillados por los usurpadores, convocamos a todos los
habitantes del distrito a quienes no tenga fascinados con su aliento el áspid
del cientificismo porfiriano, a unirse a nosotros con sus elementos para
reforzar cada día más al Ejército
Restaurador Constitucionalista, y así unidos contribuir a la obra de
restauración constitucional encabezada por los dignos y pundonorosos
gobernadores de los estados libres y soberanos de Sonora y Coahuila, así como a
las demás entidades que han secundado sus patrióticos procedimientos.
Al efecto,
interpretando el sentimiento general de los habitantes de este girón apartado
de la República, declaramos a nombre de los mismos: que nos adherimos,
adoptamos y sostendremos por medio de las armas el plan expedido en la hacienda
de Guadalupe, estado de Coahuila, el 26 de marzo del corriente año, suscrito
por todos los jefes y oficiales que militan bajo las órdenes del ciudadano
Venustiano Carranza, jefe del Movimiento Restaurador del Orden constitucional
en la República.
Dicho plan dice
en lo conducente: 1o. Se desconoce al general Victoriano Huerta como presidente
de la República. 2o. Se desconocen también los poderes legislativo y judicial
de la Federación. 3o. Se desconoce a los gobiernos de los estados que aún
reconozcan a la actual administración treinta días después de la publicación de
este plan. 4o. Para la organización del ejército encargado de hacer cumplir
nuestros propósitos nombramos como primer jefe del ejército, que se denominará
“Constitucionalista”, al ciudadano Venustiano Carranza, gobernador del estado
de Coahuila. 5o. Al ocupar el Ejército Constitucionalista la ciudad de México,
se encargará interinamente del poder ejecutivo el ciudadano Venustiano
Carranza, primer jefe del ejército, o quien lo hubiere sustituido en el mando.
6o. El presidente interino de la República convocará a elecciones generales tan
luego como se haya consolidado la paz, entregando el poder al ciudadano que
hubiere sido electo. 7o. El ciudadano que funja como primer jefe del Ejército
Constitucionalista, en los estados cuyos gobiernos hubieren reconocido al de
Huerta, asumirá el cargo de gobernador provisional y convocará a elecciones
locales después de que hayan tomado posesión de sus cargos los ciudadanos que hubieren
sido electos para desempeñar los altos poderes de la Federación, como lo
previene la base anterior.
Firmado en
Playitas de la Concepción, municipalidad de La Paz, distrito Sur de la Baja
California, el 20 de junio de 1913.
Por la Junta
Revolucionaria de la Baja California:
El presidente,
Félix Ortega. El secretario, Simón E. Cota.