DATOS
DIVERSOS
Por Manuel Clemente Rojo*

El capitán De la Portilla llevaba algunos miles de pesos,
aforrados en zurrones de cuero crudo, para el pago de los sueldos de sus
fuerzas, lo que no dejó de impresionar a los antiguos veteranos de la Compañía
Presidial de Loreto, que se habían pasado años, lustros y épocas sin que les
pagaran los suyos.
Los veían con cierto celo por esa causa, y cuando
desertaron cinco soldados de los De la Portilla, en la misión de San Vicente
Ferrer, se acomidieron a seguirlos tres de la Compañía Presidial, alcanzándolos
en una cuestecita poco distante de la misión, que desde entonces hasta hoy se
llama “Los Mazatecos”, y de allí los devolvieron a reatazos, quitándoles los
fusiles que llevaban y desprestigiándolos con este hecho lleno de celo por esa
injusta preferencia con que los trataba el gobierno.
El año de 1825 llegó también al mismo puerto, e
igualmente de paso para la Alta California, el señor general don Manuel de
Echeandía, nombrado gobernador y comandante general de ambas Californias;
venían en compañía de este señor los reverendos padres dominicos fray Gabriel
González, fray Ignacio Ramírez, fray Félix Caballero y fray Tomás Mansilla, destinados
a las misiones de la Baja California, pasando los dos últimos a la frontera de
la misma, como lo hemos dicho en otro lugar.
Después de lo referido nada hay, según nuestro humilde
concepto, que sea necesario consignar en estos simples apuntes históricos,
hasta el año de 1830 en que el señor jefe superior político y comandante
militar del Territorio, don José María Padrés, se trasladó con su oficina del
puerto de Loreto –donde existía desde su origen al tiempo de la conquista en el
año de 1697- al puerto de La Paz, hoy nueva capital de dicho Territorio, porque
el referido puerto de Loreto fue destruido casi en su totalidad con la
extraordinaria creciente del arroyo en aquel mismo año, que saliéndose del
lecho por donde había corrido siempre, abrió un nuevo cauce en el lugar de la
población, llevándose huertas, casas y cuanto había en ellas, salvándose
únicamente una lengüeta de tierra donde se hallan la iglesia y los almacenes,
con dos o tres casas particulares más, quedan muy expuestos a los peligros de
otra inundación [...]
El puerto de La Paz fue por muchos años el escondite y
abrigo donde se estacionaban los piratas en el punto que hoy se conoce por
“Pichilingue”, de donde salían a voltear el cabo de San Lucas para espiar y
robar las valiosas expediciones de la Compañía de Filipinas [...]
* En Los apuntes
históricos de Manuel Clemente Rojo sobre Baja California, edición de Eligio
Moisés Coronado, CONACULTA-Gobierno de BCS, 1996, La Paz, págs. 61-62.