HURACANES EN LA ANTIGUA CALIFORNIA

“En el otoño del
año 1717 sobrevinieron a la California y su golfo, tan terribles y espantosos
huracanes por espacio de tres días acompañados de aguaceros tan fuertes y
copiosos que, arrebatando y destrozando cuanto encontraban, derribaron la
iglesia y casa del padre Ugarte, salvando éste la vida al abrigo de un peñasco,
donde se mantuvo expuesto al agua veinticuatro horas: destrozaron todas las
demás de las otras misiones: cegaron la zanja y rompieron la presa de San
Xavier, y aun robaron la tierra cultivada allí, y en Mulegé casi del todo,
quedando cubierto el suelo de pedregales.
Tal fue la
violencia del viento y de las mangas que, cogiendo desprevenido en Loreto a un
muchacho español llamado Mateo, le arrebató y nunca más apareció vivo ni
muerto, por más que se buscó. El mismo rigor sufrieron algunas embarcaciones de
buzos que estaban sobre la costa de California: perdiéronse dos de unos vecinos
de Compostela, ahogándose cuatro personas, salvándose las demás en dos
balandras mayores que se hallaban surtas cerca, en buen abrigo, amarradas con
fuertes anclas y con gruesos cables. Éstas condujeron a los náufragos después
de la tempestad a Loreto, donde el padre Ugarte los recibió y alivió con
heroica caridad, hasta que pudieron ser conducidos a Nueva Galicia en el barco
del virrey, que presto se perdió, a cargo de don Juan Bautista Mugazabal, alférez
del real presidio.
Antes y después
han sentido los padres algunos huracanes y aguaceros desde su entrada, mas
ninguno tan fuerte y continuo. Si de éstos ha habido muchos en los siglos
anteriores en la California, no será maravilla que hayan despojado su suelo de
toda la tierra movediza, quedando desnudos los peñascos de las montañas y
cubiertos de pedregales sus hondos y llanuras.”
Eran tiempos más
difíciles y las condiciones más precarias que las nuestras, pero también es cierto
que estas calamidades han ido forjando el carácter de los californios (nativos
e inmigrantes) para enfrentar las circunstancias en franca desventaja por
razones de la insularidad y la carencia de casi todo.
Sin embargo, la
decisión de permanecer aquí ha sido mayor que las dificultades. Ello ocurrió a
los evangelizadores y lo mismo sucede a los nuevos habitantes de esta península
bien amada, como se solaza en llamarla el poeta Jorge Paniagua.
Adenda
indispensable: Este martes 30 de septiembre se cumple otro aniversario del
paso del ciclón “Liza” por BCS, que en 1976 produjo considerables daños,
particularmente a su capital. Dediquemos un recuerdo a sus víctimas.