CUESTIONABLE PERFIL DE LOS PACEÑOS

La
infundamentada e injusta generalización (“todas las generalizaciones son
falsas”) mucho se asemeja a valoraciones como la del jesuita Johan Jakob Baegert
(alemán, misionero de San Luis Gonzaga, siglo XVIII), quien al referirse a los
indígenas les endilgaba por lo menos diecisiete denigrantes calificativos,
entre los cuales se hallaba, obviamente, el de perezosos; sin embargo advertía
que toda la existencia de los californios tenía como denominador común la
libertad plena de hacer cada uno lo que le viniese en gana. Esta proclividad al
ejercicio absoluto del libre albedrío fue quizá de los factores que dificultaron mayormente el sometimiento de los naturales a la nueva y extraña cultura, que
pretendía regirlo todo por los horarios, la rutina, las normas y labores para
las que estaban lejos de sentir vocación alguna los aborígenes. A pesar de
ello, constituyeron la mano de obra que, por ejemplo, levantó las portentosas
edificaciones que ahora son orgullo del patrimonio arquitectónico regional.
Determinado
gobernante local convocó a los sudcalifornianos a fin de reclutarse para la recolección
de algodón en el valle de Santo Domingo; como fueron muy pocos los que se
aprestaron a esas tareas, al resto los tildó de flojos. La respuesta popular al
respecto fue de inconformidad porque el señor gobernador les había visto (a
todos los habitantes del territorio) la cara de piscadores... La necesidad de
atender las cosechas obligó a la importación de gente desde el interior del
país, sin que nadie opusiera queja, y santo remedio.
Ahora el patrón aludido
dicta su veredicto en perjuicio de “todos” los paceños sin más argumento que su
vivencia en un asunto particular en el cual quizá él mismo tenga buena parte de
la responsabilidad que endosa únicamente a sus empleados.
Tendría que
preguntarse con imparcialidad si los capacitó apropiadamente, si les dio trato
adecuado, si les retribuyó justamente sus servicios y todo lo demás que es legítimo
y recomendable en términos laborales y de armónica convivencia obrero-patronal.
O tal vez el personaje
en cuestión expresó tan temerario dictamen en un momento de ira e irreflexión
por algunas conductas de sus servidores, sin previo análisis de los motivos,
causas y razones de su acusación.
Las
generalizaciones, que requieren pocas dosis de cavilación, talento y espíritu
investigativo, llevan siempre su propia carga de error. Por un lado son
comodinas y se prestan mejor a sustentar el insulto y la calumnia, y por el otro
omiten la búsqueda de explicaciones que, como en este caso enojoso (para los
empleados, su empleador y la opinión pública), pueden hallarse con algo de
interés y voluntad positiva para atenderlo y darle la debida solución antes de
llevarlo al híbrido tribunal de las redes sociales.