HISTORIA: EFEMÉRIDES DE LA SEMANA

NOVIEMBRE

1 (1699). El jesuita Francisco María Píccolo fundó la misión de San Francisco Javier Viggé-Biaundó, que hubo de abandonar al año siguiente por la hostilidad de los nativos.

01 (1720). Los jesuitas Jaime Bravo y Juan de Ugarte salieron de Loreto en la balandra El Triunfo de la Cruz, primera embarcación construida íntegramente en las Californias, con el objetivo de fundar la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz.

01 (1746). Murió en Loreto el capitán Esteban Rodríguez Lorenzo, quien había llegado como comandante militar acompañando al jesuita Juan María de Salvatierra desde 1697.

01 (1927). El Gral. Amado Aguirre fue nombrado gobernador del distrito Sur de Baja California.

3 (1853). La Paz fue tomada por el filibustero norteamericano William Walker, quien el mismo día se proclamó presidente de la república de Baja California y Sonora.
 
4. Celebración anual de puerto San Carlos, del municipio de Comondú, por ser día de san Carlos Borromeo en el calendario católico.

4 (1587). El pirata inglés Thomas de Cavendish tomó por asalto en cabo San Lucas al galeón Santa Ana, con un valioso cargamento proveniente de Manila. Al final lo incendiaron y bombardearon.

4 (1720). Los jesuitas Jaime Bravo y Juan de Ugarte fundaron la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz, en la hoy capital de Baja California Sur.

4 (1768). El rey Carlos III acordó favorablemente la solicitud de la orden de Santo Domingo de Guzmán de ocuparse de las misiones que dejarían los franciscanos en la Antigua California para ir a colonizar la parte continental. Por diversas circunstancias el acuerdo pudo ser cumplido cinco años después.
 
6 (1720). Al término de su caminata desde Loreto, el jesuita Clemente Guillén llegó a la recién fundada misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz.

6 (1853). El teniente Manuel Pineda, con algunos soldados y civiles atacó en La Paz al filibustero William Walker y le causó algunas bajas aunque debió retirarse por falta de municiones.

APRECIACIONES

PARAÍSO OCULTO, DE AURORA FLORES



Cantan Las Hermanitas (Aurora y Balbina) Flores

CRÓNICA HUÉSPED

MI INTERÉS POR LA BAJA CALIFORNIA Y SU HISTORIA

Por Miguel León-Portilla

Al tiempo en que estudiaba la primaria, tuve una maestra que en la clase de historia nos dijo que California había pertenecido a México pero ahora era ya parte de los Estados Unidos. Yo había visto varios mapas y recordaba que existía una tira de tierra que también tenía el nombre de California y era territorio mexicano. Levanté entonces la mano y, autorizado a hablar, manifesté que había una California mexicana. La maestra repitió lo que había dicho antes: California era parte de los Estados Unidos. Insistí en que había una California que seguía perteneciendo a México. La maestra se molestó mucho, y ante lo que le pareció mi terquedad e ignorancia, me hizo salir del salón de clase.

De regreso a casa volví a ver el mapa y comprobé que, a pesar de todo, sí había una California mexicana, dividida en dos territorios, los de Baja California norte y sur. Busqué entonces libros que me explicaran lo que había ocurrido. También pregunté a mi padre y a otros maestros. Pude así enterarme de que existían dos Californias, una que nos arrebataron los norteamericanos en una guerra de conquista y otra que México pudo conservar casi milagrosamente. Pocas personas conocían la historia de la California que seguía siendo mexicana. Su territorio, a pesar de ser muy grande, se hallaba casi en el olvido.

Cuando era niño estaba muy poco poblado y con escasa comunicación con el resto del país. También pude enterarme de que los Estados Unidos no habían renunciado a la idea de que esta otra California debía también pertenecerles.

Ésta, que no es sino una anécdota que viví, me dejó honda huella. Cuando, por obra del náhuatl me “convertí” a la historia, el tema de la California mexicana, su geografía, su pasado y presente, con frecuencia me volvían a la cabeza. Un día, platicando con don Carlos Pellicer que acababa de regresar de un recorrido por la California mexicana, lo escuché ponderar las maravillas de su rica naturaleza y las bondades de sus habitantes. Don Carlos decía que aquello era un paraíso en el que sus pobladores eran del todo ajenos al pecado original.

Decidí entonces ir a Baja California. Ocurrió ello a mediados de los años sesenta. Esa primera visita en compañía de Ascensión, mi esposa, fue inolvidable […]


* En Miguel León-Portilla, La California mexicana. Ensayos acerca de su historia, UNAM, 1995, México, págs. 8-9.