HISTORIA


EFEMÉRIDES DE AGOSTO

10 (1644). Nació en Segno, Italia, Eusebio Francisco Kino.

10 (1824). Fue firmada en Loreto el Acta de Adhesión de las Californias a la República Federal.

13 (1913). Murió en el ejido Santa Cruz (antes El Copalar), delegación de Santiago (hoy municipio de Los Cabos) el revolucionario sudcaliforniano Nicolás T. Antuna.

17 (1972). Murió en La Paz el maestro Domingo Carballo Félix. Sus restos mortales fueron reinhumados en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres.

20 (1897). Nació en el rancho Los Inocentes, al sur de La Paz, Domingo Carballo Félix.

24. Día de san Bartolomé en el calendario cristiano, fecha en que son celebradas anualmente las fiestas del pueblo de San Bartolo, en el municipio de La Paz.

25 (1857). Nació en San Antonio Miguel López Cornejo Romero.

ACTUALIDAD


HUGO CERVANTES DEL RÍO
(1927-1989)

Este domingo 9 de agosto se cumplieron veinte años del fallecimiento del licenciado Hugo Cervantes del Río, último gobernador no nativo de Baja California Sur (1965-1970), durante el sexenio del presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Fue abogado por la UNAM, campeón nacional de oratoria, secretario particular del general Rodolfo Sánchez Taboada (secretario de Marina) y director de Caminos y Puentes Federales, al término de cuya gestión puso en servicio el transbordador La Paz, primero de la serie que uniría al sur peninsular con el macizo continental, lo cual significó el inicio de un proceso de cambios sustanciales en el desarrollo sudcaliforniano.

Relevó en la gubernatura al general Bonifacio Salinas Leal.

Bajo el lema de “La hora de Baja California Sur ha sonado”, con que concluyó su discurso de toma de posesión en el balcón principal del palacio de gobierno, en la capital del entonces territorio federal, llevó a cabo una política de comunicación cercana con todos los componentes de la sociedad regional e invitó a colaborar con él a un grupo de jóvenes profesionales con que se constituyó la primera generación de políticos y funcionarios públicos oriundos de la entidad.


El gobierno cervantista fue de excepcional pulcritud financiera y de notables avances en todos los ramos de la administración pública, que pusieron las bases del desenvolvimiento político y económico que incluso tendría notables repercusiones aun poco tiempo después de cumplir su encargo.

A finales de 1969 fue llamado por el candidato del PRI a presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez, para integrarse a su campaña, y al triunfo de éste entregó la jefatura política al ingeniero Félix Agramont Cota.

Cervantes del Río se desempeñó enseguida como secretario de la Presidencia, donde prestó su decisiva colaboración para cumplir los ofrecimientos sustanciales de Echeverría Álvarez al pueblo de Baja California Sur: reinstaurar la vida municipal (1972), construir la carretera transpeninsular (1973) y transformar el régimen de territorio federal por el de estado de la Federación Mexicana (1974).

Enseguida fue presidente de su partido en el Distrito Federal, director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y senador de la República.

Quienes conocieron o trataron de cerca a Hugo Cervantes del Río lo recuerdan como hombre de responsabilidad extrema, trato amable y esmero personal. Los que participaron en su tarea, como servidor puntual, disciplinado, celoso de su función y estricto en el cumplimiento de los compromisos.

De una entrevista que le fue hecha a raíz de que fueron canceladas sus aspiraciones a la candidadura a la presidencia de la República, destaca una frase que es lección para un repaso cuidadoso en nuestros días y en nuestro espacio:

- “Quien echa su temperamento o sus humores por delante, busca su beneficio personal; es un cínico sin mucho peso específico.”

Llevan su nombre una escuela primaria del fraccionamiento La Fuente, en La Paz; un bulevar de Ciudad Constitución, avenidas en algunas poblaciones del estado, y la unidad habitacional de la CFE en Tlalnepantla, estado de México.

ACTUALIDAD




SUDCALIFORNIDAD

Cuando se habla de “Sudcalifornidad”, algunas personas se preguntan todavía si la designación correcta debiera ser “sudcaliforneidad” o “sudcaliforniedad”.

A tal duda debe responderse por analogía y pensar, digamos, en vocablos como hispanidad (“Carácter genérico de los pueblos de habla y cultura hispánicas. // Comunidad de los pueblos hispánicos.”), que proviene del nombre latino de España, Hispania, con igual terminación que Sudcalifornia.

Si parafraseamos la acepción del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (Rae), estaríamos en condiciones de aseverar que Sudcalifornidad es “Carácter genérico de los pueblos que integran a Sudcalifornia (Baja California Sur). // Comunidad de los pueblos de Sudcalifornia.”
Podemos coincidir a continuación que carácter es, en tal sentido y siguiendo la definición de la misma Rae, “Conjunto de cualidades que histórica y culturalmente distinguen de otros al pueblo de Baja California Sur.”

Y por genérico ha de entenderse todo aquello que tienen en común los habitantes de esta entidad mexicana.

Hasta donde sabemos, el primer concepto de “Sudcalifornidad” fue expresado por el gobernador Alberto Alvarado Arámburo en su quinto informe de labores (1986), como “ese sentimiento particular que nos vincula a esta tierra generosa, a sus desafíos y posibilidades, a sus características y a su destino.”

Y si algo distinguió a la administración alvaradista fue, precisamente, su definida e insobornable Sudcalifornidad.

Alguna vez dijimos que ésta constituye un estado de la entraña, de la mente y del sentimiento, inseparable y fraternalmente ligado a un mexicanismo del que nuestra colectividad ha dado y continúa dando no pocas evidencias. (El Eco de California, 27 de agosto de 1986.)

La composición social de Baja California Sur se ha nutrido de sangre proveniente de muchos lugares del mundo y de las varias regiones de este país; por ello, la Sudcalifornidad se enraiza en un nacionalismo bien entendido que tiene origen en su historia, y en la universalidad que es legado de su cultura.

En 2008 tuvimos el agrado de ver decretado a “Octubre, mes de la Sudcalifornidad” por la legislatura local, y durante la mayor parte de sus días hubo recordaciones, en actos de mayor o menor fortuna.


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HISTORIA


EL PILÓN

El “pilón”, grato elemento de la tradición nacional, tiene en su forma más pura hondas raíces en Sudcalifornia.
Pilón es el nombre que en el diccionario se define a lo que conocemos como panocha, cuya acepción es la de “pan de azúcar refinada, de figura cónica”, y al que se da también el diminutivo piloncillo.
El pilón, pues, fue al principio uno de estos dulces (que en gran parte producían los trapiches de Todos Santos, existentes ahí desde la época misional, aunque los hay asimismo en otras partes del estado) o fragmentos de ellos, que el comerciante obsequiaba a los jefes del departamento de compras de la familia, o sea los chamacos que hacíamos los “mandados”.
Era una especie de comisión con que el tendero correspondía al hecho de que prefiriéramos su negocio y no otro para hacer las adquisiciones domésticas.
Así que íbamos a donde daban más pilón, claro.
Se trataba, digámoslo de una vez, de una forma de ingenuo soborno, de una amable “mordida” que el empresario mismo o su “dependiente” nos regalaban siempre con una sonrisa de afectuosa complicidad, y que recibíamos con el mayor placer.
El cohecho tenía igualmente derivaciones a otras golosinas, entre ellas “zurrapas” de pan de dulce (especialmente conchitas, expertas en hacerse desprender el azúcar del lomo), dulces regionales o de fábrica, galletas marías o de animalitos, en fin, lo que estaba a la mano del comerciante y que el apetito pernnemente alerta del comprador consumía de inmediato. Nada de andar guardando el pilón para después canjearlo por otras cosas. De inmediato.
Puede verse todavía esta deliciosa transacción (de donde deriva el nefasto apócope“transa”) en dueños de “abarrotes” que insisten en conservar la costumbre por sus innegables bondades para el negocio, así como en vendedores de mercado que agregan al conjunto de artículos adquiridos por la señora, un ramito de cilantro o hierbabuena, alguna naranja o quizá un tomate... Nada que desequilibre las finanzas del expendio pero que comprometa a la cliente a volver.
Una sana costrumbre, podría decirse.