VINO CALIFORNIANO
Por
Miguel del Barco*

Es verdad que se hace algún vino, mas no en
todas las misiones, y particularmente en el sur no se hace vino porque, aunque
se ha intentado, sale tan malo que con dificultad se puede beber.
Tampoco hay vino en las misiones que se siguen
caminando hacia el norte, que son las de la nación guaycura, porque no tienen
agua para el riego que necesita una viña o un parral, como todo cuanto se
planta o se siembra en toda esta península.
Solamente en las misiones de la nación
cochimí, desde Loreto para el norte, en las más de las misiones que son San
Javier, San José de Comondú, La Purísima Concepción, San Ignacio y Santa
Gertrudis han probado bien las parras y suele salir el vino bueno, aunque mucho
se pierde y avinagra.
Los padres de estas últimas naciones envían
algún vino de regalo o de limosna a los otros padres que no lo tienen; mas como
las distancias son tan grandes, especialmente respecto de los del sur, y pocas
veces se logra embarcación que haya de llegar allí y con que se pueda proveer
a los padres de este licor, sucede frecuentemente que hay temporadas en que
apenas tienen vino para decir misa.
Y por esta razón está tan lejos el misionero
de San José del Cabo, o de Santiago, de entregar vino a los navegantes que,
algunos años, del vino que traen en el galeón para misa recibe de ellos por
favor algunas botellas para poder el mismo padre celebrar, ínterin le viene
nuevo socorro de las misiones del norte […]”
*
Historia natural y crónica de la Antigua
California, edición de Miguel León-Portilla, UNAM, 1973, pág. 250.