XXXIX
ANIVERSARIO
Así, en aquel decreto número 35
quedaron definidos como objetivos esenciales de la UABCS, entre otros, “que todo
ser humano, preferentemente sudcaliforniano, con capacidad intelectual y
física, sin distinción…, reciba los beneficios de la educación superior.”
Asimismo “organizar y realizar trabajos
de investigación científica sobre las condiciones y el desenvolvimiento
integral y racional de los problemas y recursos humanos y socioeconómicos del
estado y de la nación…”
También “desarrollar en el individuo
cualidades físicas, intelectuales, éticas, estéticas, sociales y de solidaridad
para que tomen parte activa y consciente de las corrientes del pensamiento y de
la problemática actual del estado, la nación y el ámbito internacional.”
Y “contribuir a mejorar el nivel
físico, moral y cultural, humanístico, científico y técnico de la población del
estado y de la nación…”
En su artículo 49, al referirse a los
derechos y obligaciones de los estudiantes que en ella se forman, estableció
los principios de procurar su desarrollo armónico, mantener en su beneficio un
alto nivel académico y proyectar sus actividades en el medio social.
El artículo 52 determinó que, en
igualdad de circunstancias, los graduados en la UABCS tendrían preferencia en
la designación de todo el personal universitario.
Es decir que en las partes sustanciales
del documento quedó subrayado el sentido de Sudcalifornidad (fortalecida por la
búsqueda de la eminencia en la investigación, la docencia y el extensionismo
cultural) de la institución universitaria
--como resulta congruente--, sin que ello deba significar desatención a
sus compromisos implícitos, como son los de todos los centros de enseñanza
superior, con el país a que pertenece y con el resto del mundo.
Ésa fue la naturaleza primigenia de
nuestra universidad.
39 años después, convendría reflexionar
cuánto de la carne y el espíritu sudcalifornianos prevalecen aún en la
universidad de los sudcalifornianos.