FINISTERRA, DE ERICK HIGUERA, EN VIMEO


ENCUENTRO DE ESCRITORES



La edición 2017 de la reunión anual de sudcalifornianos que escriben (21-23 de junio) tuvo de todo, como siempre, desde productos de buena factura hasta textos que resultan prescindibles en un empeño organizacional y de aplicación de recursos –siempre tan precarios-- como éste.

En el transcurrir de algunas lecturas surge otra vez el fantasma de la necesidad de los talleres literarios y la urgencia que varios autores tienen de asistir a ellos, en casos verdaderamente dramáticos.

En el sustrato de muy contadas producciones son advertibles horas previas de lecturas, ejercicio escritural, preocupación por la validez y rigurosidad autocrítica.

En otras puede afirmarse que se trata de escritores que olvidan el requisito insoslayable de emplear horas interminables de lectura antes de pergeñar guisotes, y con la mayor irresponsabilidad lanzarse a la aventura de poner en los ojos y oídos de los demás, sancochos que llegan a encuentros de esta naturaleza a ocupar espacios y tiempos que merecen conocer alumbramientos en verdad literarios.

Entre pocas cosas dignas de merecer edición, son ofrecidas otras que dejan de acertar hasta en el título, preñadas de lugares comunes, empleo indiscriminado, impuntual y excesivo del gerundio que tiende puentes sintácticos falsos, pornografía que intenta ser erotismo, celebración de la anécdota como elemento primordial del escrito, por su parte ayuno de metáforas y hallazgos de la creatividad y la imaginación.   

Bajo el manto genérico y uniformador de escritores, se ven pasar por las mesas de exposición talentos embrionarios y autores que prometen, pero también algunos que nada tienen que hacer en ellas, excepto perder el tiempo propio y el de algunos que asisten a tales pasarelas del quehacer escritural a escuchar voces nuevas, discursos innovadores, afanes esenciales en esos menesteres, que terminan frustrados.

Con experiencias así, quizá pudiera caber la sugerencia de que, antes de concederles acceso a las mesas, los materiales pasen por determinados filtros que permitan limitar la cantidad de las participaciones al mínimo que tenga como denominador común la calidad deseable.